Trese – Detective of Darkness: RESEÑA del nuevo anime de Netflix

Cuando Netflix mostró el tráiler de Trese – Detective de la Oscuridad, nos intrigó lo suficiente como para adentrarnos en el título: la nueva serie producida por el estudio BASE y Netflix está basada en el komik (cómic filipino) de Budjette Tan y Kajo Baldisimo, aún inédito en Italia; en el proyecto también ha colaborado el animador, productor y director Jay Oliva, que ha trabajado en algunos títulos animados de Marvel y DC, y que pronto volverá a Netflix con el nuevo anime de Zack Snyder inspirado en la mitología nórdica.

En virtud de ello, Trese – Detective of Darkness es una serie que tiene un estilo similar al del anime, muy parecido al de Castlevania (por cierto, si aún no lo has leído, puedes ponerte al día con nuestra reseña de Castlevania 4 aquí). Sin embargo, a pesar de los nombres que hay detrás y del tipo de producción, lo que nos llevó a verla es el deseo de profundizar en el folclore filipino del que se nutre la serie. Los 6 episodios de Trese – Detective de la Oscuridad ya están disponibles en Netflix, también con doblaje en italiano: esta es nuestra opinión después de haberla visto ya en preestreno.

Equilibrio precario

Incluso la descripción que se nos da de Manila en el episodio introductorio es suficiente para entender qué tipo de producción es Trese – Detective of Darkness.

La capital de Filipinas es una ciudad acogedora, pero cuando cae la oscuridad se vuelve inhóspita y peligrosa: doblar la esquina equivocada significa meterse en problemas; los ladrones y secuestradores son el mal menor, porque en la oscuridad se esconden criaturas que se alimentan de sangre y ansían el alma de las personas. Años antes de los sucesos narrados, se establecieron acuerdos para proteger a los humanos de los seres sobrenaturales, permitiendo que los dos mundos coexistieran pacíficamente.

Ahora, sin embargo, la tregua está llegando a su fin y los ejércitos de la noche se hacen más fuertes. Alexandra Trese, hija del hombre que consiguió la tregua entre los dos mundos, como nueva lakan debe salvaguardar la paz entre humanos y criaturas. Alexandra trabaja con el comandante de policía Guerrero para resolver la mayoría de las muertes o desapariciones inexplicables que se producen en Manila. La protagonista nunca va desarmada, empuñando una kriss encantada (una daga de hoja ondulada), ni sola porque a su lado tiene a los gemelos Crispín y Basilio, entidades infernales de aspecto humano que llevan las típicas máscaras teatrales cuando tienen que enfrentarse a sus enemigos.

Como cualquier detective que se precie, Trese también tiene un informante que le ayuda a seguir la pista correcta para resolver sus casos: Nuno, una especie de duende que vive y se mueve en las alcantarillas. Una de las primeras investigaciones de las que tiene que ocuparse es el asesinato del fantasma de una mujer que murió años antes. Poco a poco, el detective descubre que hay una conexión con el secuestro de un grupo de personas de un ferrocarril: un suceso en el que parecen estar implicados el alcalde de la metrópoli y un clan de aswangs, seres voraces típicos de la cultura filipina.

En pocas palabras, esto es Trese – Detective de las Tinieblas: en los episodios sueltos veremos a Alexandra resolviendo los más variados casos, siempre relacionados con el mundo de lo sobrenatural, conociendo a criaturas del folclore filipino como hombres caballo y dioses, mientras que de vez en cuando se nos dan atisbos de su pasado que nos permiten conocerla a ella y a su familia.

Sin embargo, si al principio puede parecer que el anime no va más allá de lo que ofrece, ya desde el segundo episodio se sientan las bases de algo más grande que podría alterar de una vez por todas la paz entre el mundo de los humanos y el de los sobrenaturales.

Entre el mito y la realidad

El piloto de Trese – Detective de la Oscuridad se limita a introducir el contexto en el que se desarrollan los acontecimientos. La serie está fuertemente influenciada por el folclore filipino, pero nos sentimos un poco perdidos con la terminología utilizada, porque no la conocemos lo suficiente, y no se nos dan muchas oportunidades para profundizar en ella: teníamos la sensación de que se daban muchas cosas por supuestas.

Si a lo largo de los años hemos aprendido a conocer la cultura japonesa también a través del anime, no podemos decir lo mismo con la filipina, que en esta circunstancia se nos propone sin explicaciones. Por ejemplo, nunca se especifica bien qué es el lakan ni qué tipo de criaturas son los aswangs: el primero es una especie de gobernante supremo y en el universo del anime es el señor que tiene que garantizar la paz entre los humanos y los seres de la oscuridad, aunque nunca se explica del todo; en cambio, los aswangs se describen como vampiros, pero capaces de adoptar diferentes formas.

Mientras que algunas criaturas son bastante fáciles de distinguir sólo por su aspecto, como los tikbalang (seres con rasgos de caballos humanoides), otras son completamente oscuras. Una profundización general en los términos y en las figuras mitológicas presentes podría haber hecho el anime más agradable y fácil de seguir, evitando suspender la visión constantemente para profundizar en el folclore filipino si fuera necesario.

Durante un total de seis episodios, sólo una vez se nos da información útil para conocer a una criatura a la que se enfrenta Trese: incluso unas pocas palabras habrían bastado para no hacernos sentir completamente desorientados.

A pesar de la ausencia de una investigación adecuada de algunos elementos de la tradición, no podemos negar que la nueva serie de Netflix sigue siendo fascinante, precisamente por su naturaleza: la simbiosis entre el folclore y el contexto contemporáneo, que a veces conduce a agradables tintes de terror, con una buena dosis de violencia y sangre.

Dado que el anime gira en torno a los monstruos, se plantea la clásica pregunta, recurrente y manida en títulos similares: ¿quién es más peligroso entre un ser humano y un monstruo? Un tema que no presenta cambios sustanciales, salvo ser algo más crudo en varias situaciones, por las acciones que realizan algunos humanos. Para hacer la visión aún más interesante hay una discreta profundización de Alexandra. En el transcurso de los episodios, de hecho, conocemos el difícil pasado de la heroína: la pérdida de su madre, la relación con su padre, hasta el encuentro con los gemelos.

Los demás intérpretes también están bien delineados, aunque no tienen tantas capas como el protagonista: Guerrero es un policía amable y siempre servicial, un viejo aliado de la familia Trese. Por último, Crispín y Basilio son la parte más alegre de la producción, debido a las clásicas rencillas entre hermanos, pero siguen siendo fieles aliados de Alexandra; además, están en el centro de algunos giros argumentales relevantes.

Por desgracia, aunque los distintos actores están bien caracterizados, no nos sentimos especialmente implicados en sus relaciones y en los momentos más dramáticos que los protagonizan. Tras el episodio introductorio, los siguientes se abren con una serie de flashbacks en blanco y negro que muestran algunos momentos de la infancia de Alexandra, profundizando así en la figura de su padre: se muestra un caso que le llevará a enfrentarse a una temible criatura, y todo lo que sigue.

Con este recurso, podemos conocer al padre de Alexandra, que se presenta como un hombre que da prioridad a la familia y al equilibrio entre los dos mundos. Al principio puede parecer que los flashbacks están desconectados de la historia principal, hasta el punto de parecer un mero pretexto para analizar nuevos aspectos del pasado del detective.

Cuando se revela que está a punto de ocurrir algo que podría alterar definitivamente el equilibrio, te das cuenta de que esas escenas están relacionadas con el acontecimiento anunciado. Aunque en cierto momento de la historia es fácil adivinar algunas revelaciones y quién es el verdadero antagonista, sin embargo te invade la curiosidad por saber qué giro podría tomar la historia. Esto sólo se materializa en los últimos episodios, ya que antes seguimos viendo nuevos casos de Trese.

Una vez que llegamos a las líneas finales, nos damos cuenta de que todas las investigaciones que la heroína ha resuelto están en realidad relacionadas con un plan mayor organizado por el antagonista principal que, como era de esperar, quiere destruir el mundo de la Tierra; por lo tanto, nos enfrentamos a una larga explicación que revela nuevos e impactantes aspectos sobre el padre de Trese, su pasado y su destino. Esto sugiere un desarrollo interesante en la posible segunda temporada, de momento anunciada sólo por el cliffhanger final visible después de los créditos.

Un estilo occidental

En cuanto al arte de Trese – Detective de la Oscuridad, podemos decir que es agradable a la vista, aunque no alcance altos niveles de calidad. El trazo utilizado no es el típico del anime, siendo más bien de estilo occidental (similar al de Castlevania), pero se acerca mucho al japonés, y es bastante preciso, aunque a veces se aprecian algunas bajadas de calidad.

Por otra parte, hemos observado una especial atención al detalle en la representación de la ciudad, tanto cuando es el fondo de las escenas como cuando es una simple imagen estática. También se utiliza el CGI, pero se limita a unos pocos elementos de la escena, como los coches y otros vehículos, aunque es evidente el desprendimiento con el dibujo manual.

En una producción como ésta no faltan las peleas, que cuentan con animaciones fluidas, lo que las hace bastante agradables, pero ciertamente no memorables. Por último, el diseño de los personajes es interesante sobre todo por la representación de las criaturas, que parecen suficientemente monstruosas e inquietantes.

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