Speed Grapher: RESEÑA del anime de Amazon Prime Video

El título Speed Grapher hace referencia a las speed graphics, cámaras de reportero muy extendidas entre 1912 y 1973: no por casualidad el protagonista es un fotógrafo freelance, aunque no utiliza esa cámara en concreto. Estas son las premisas del anime de 2005 del estudio Gonzo, que está disponible en streaming en Amazon Prime Video, Speed Grapher podría definirse como una especie de ópera distópica, ya que dibuja una realidad en la que el dinero hace girar el mundo más que antes y permite comprar incluso la vida de las personas. ¿Puede un simple fotógrafo subvertir el régimen materialista? Descúbrelo con nuestra reseña de Speed Grapher.

Una primicia explosiva

Speed Grapher está ambientado en un mundo contemporáneo alternativo, 10 años después de la guerra especulativa que sacudió la economía mundial. No se nos da suficiente información para entender cuáles fueron los desencadenantes del conflicto, pero está claro que condujo a una distinción social aún más aguda entre ricos y pobres: los más ricos se hacen cada vez más ricos, mientras que los menos ricos siguen siendo más pobres, aunque trabajen duro.

La ciudad que alberga el segmento más rico del mundo es Tokio: aquí, cualquiera que tenga el dinero necesario puede satisfacer sus deseos. En Tokio vive Tatsumi Saiga, un antiguo fotógrafo de guerra que siempre trató de captar las escenas más crudas, pero que ahora es un freelance que trabaja para un periódico local.

Su vida se entrelazará con la de Kagura Tennozu, la única hija de Shinsen Tennozu, el presidente del Grupo Tennozu: una empresa que ha crecido rápidamente, hasta el punto de absorber a todas las empresas rivales y dominar toda la economía japonesa. Kagura es infeliz por culpa de una madre que le prohíbe cualquier tipo de ocio para criarla como digna heredera de la empresa.

Un día, Saiga recibe una primicia sobre un club secreto reservado sólo a algunos de los hombres más ricos y poderosos de Japón: un lugar donde pueden compartir sus secretos, hacer tratos y pagar para que se sacien sus deseos más perversos. El club está dirigido por Choji Suitengu, la mano derecha de Shinsen. En el club, la protagonista asiste a un ritual en el que los miembros VIP reciben la bendición de la Diosa, que les permite alcanzar el placer supremo. En realidad, la diosa es Kagura, obligada contra su voluntad a participar en los rituales, cayendo en trance cada noche.

Saiga atrae la atención del director, que decide ejecutarlo para evitar que revele lo que ha visto. Kagura salva al fotógrafo con su bendición, dándole el poder de volar todo lo que fotografíe, objetos o humanos.

La chica y Saiga se escapan del club: así comienza una frenética huida de las garras de Suitengu y de los demás miembros, que han adoptado apariencias monstruosas. Pronto, Saiga y Kagura se dan cuenta de que sólo tienen unos pocos aliados, porque el dinero puede comprarlo todo y a todos.

En los primeros momentos, la trama de Speed Grapher podría ser trivial y poco original, con algunas ideas interesantes, pero no lo suficiente como para continuar: de hecho, los momentos introductorios son sólo una continua huida de extraños humanos con apariencia mutante. Sin embargo, avanzando, aunque con cierta dificultad, se despliega una historia que, aunque no es muy compleja, es capaz de ofrecer giros y revelaciones que te incitan a seguir viendo para ver desentrañar la densa maraña de Speed Grapher.

Todo tiene un precio

Los episodios iniciales de Speed Grapher no enganchan demasiado, debido a una estructura bastante repetitiva y a la ausencia de una trama que sirva de pegamento entre los distintos acontecimientos: se trata simplemente de una constante huida de Saiga y Kagura de los secuaces de Suitengu.

Por otro lado, en las etapas introductorias podemos familiarizarnos con el contexto: la gente es ahora adicta al dinero y a todo lo que puede comprar, ya sean objetos materiales o la vida de otras personas. Esto es suficiente para entender cómo el grupo Tennozu se ha enriquecido gracias a la pertenencia al club secreto y a una ronda de extorsión hacia los miembros que han contraído grandes deudas para ver cumplidos sus deseos más ocultos, incluso los más perversos: muchos de los enemigos a los que se enfrentan los protagonistas tienen pasiones perturbadoras, como el fetichismo extremo por los dientes o las manos, que les lleva a pagar por víctimas a las que torturar para saciar su placer sexual.

En varias ocasiones se profundiza en los seres humanos y sus obsesiones, analizando también sus motivaciones, para que podamos apreciar el drástico cambio que sufren debido a la corrupción del dinero y sus impulsos: por ejemplo, hay una mujer que ama los diamantes, hasta el punto de comérselos, que pueden llegar a ser adamantinos. Detrás del descontrolado amor por el dinero de los personajes se esconde una crítica social sobre cómo las empresas se enriquecen cada vez más a costa de los pobres, y cómo la humanidad se ha vuelto adicta a los bienes materiales, sin poder apreciar ya los pequeños placeres que el dinero no puede comprar.

Aunque la realidad planteada es una distopía en la que los ricos sobreviven y los pobres se ven obligados a pasar hambre, no se nos da la oportunidad de ver cómo viven los menos pudientes: esto no hace perceptible la marcada distinción social.

El mundo de Speed Grapher no parece muy diferente del nuestro, salvo por un mayor número de súper ricos cada vez más codiciosos; si algunos episodios se hubieran centrado más en las condiciones de vida de los pobres, todo el contexto podría haber sido más creíble y, en consecuencia, más apreciable.

A pesar de ello, no podemos negar que, por los temas tratados, Speed Grapher se caracteriza por una atmósfera oscura, en la que los distintos actores encuentran su espacio y se convierten en portavoces de los temas principales de la producción.

Saiga es un hombre demasiado atado a su cámara, que ve como la única forma de expresarse, sintiendo un placer insano al fotografiar a los muertos en la guerra, de la que salió especialmente afectado, tanto que ya no es el mismo desde que volvió del frente, como si hubiera perdido su verdadera esencia.

Kagura es una chica infeliz porque sólo desea tener una vida normal y no seguir sometiéndose a las absurdas peticiones de su madre, que quiere que sea la perfecta heredera de la empresa más importante del país; cuando se encuentra huyendo con el fotógrafo se siente perdida, porque no está acostumbrada al mundo real, pero sólo gracias a Saiga puede por fin ser libre para disfrutar de la vida.

Con el tiempo, se desarrolla una relación muy íntima entre Saiga y Kagura, hasta el punto de que él está dispuesto a salvarla a cualquier precio, para darle la libertad que tanto desea. Los dos fugitivos representan la parte de la humanidad que aún no está completamente subyugada por el materialismo. Suitengu y Shinsen, por su parte, encarnan la codicia de la humanidad: el primero es un hombre estricto, que cobra las deudas de los socios y en caso de que no paguen o no puedan pagar, no concede prórrogas; como es el director del club secreto y hace el trabajo sucio para el grupo Tennozu, no es difícil adivinar cómo está utilizando a Shinsen para hacerse con la empresa y toda su riqueza.

A Shinsen le gustaría recuperar su belleza juvenil, hasta el punto de estar celosa de la de su hija, y al mismo tiempo desconfía de todos, incluso de Kagura, ya que teme que Suitengu se enamore de ella. Junto a los intérpretes bien construidos, hay algunos que parecían demasiado caricaturescos, como Bob, el vecino de Saiga, y Ginza, una agente de policía y ex novia de Saiga.

Mientras que el primero tiene un papel marginal, el segundo es más recurrente, por el vínculo con la protagonista, pero su carácter protector, posesivo, egoísta y celoso, incluso hacia una niña, la mayoría de las veces resulta demasiado desubicado y no está en sintonía con la atmósfera del anime. Tras superar el obstáculo de las etapas introductorias poco convincentes, la historia de Speed Grapher mejora, aunque sigue teniendo la misma estructura narrativa y algunos momentos poco convincentes, como el episodio de recapitulación disfrazado de informe de gastos del club.

Se teje una red de intrigas y secretos que se va haciendo más y más espesa a medida que se desarrolla la aventura, hasta llegar a un final satisfactorio que responde a la mayoría de las preguntas. Sin entrar en demasiados detalles, lo que se nos presenta es una historia que se remonta a años antes, durante la guerra, y que explica el origen del poder de Kagura, Saiga y todos los demás: así descubrimos nuevos e interesantes aspectos sobre Shinsen, Kagura, Saiga y Suitengu.

El dinero no lo es todo

El trabajo artístico de Speed Grapher parece no potenciar una estructura narrativa interesante, pero tarda en mostrar sus verdaderas cualidades. Los primeros episodios tienen un diseño agradable, con algún ligero emborronamiento que pasa casi desapercibido, especialmente cuando la cámara filma grupos de personas o sujetos más lejanos.

Sin embargo, en los siguientes episodios el rasgo se vuelve cada vez menos preciso, con evidentes tropiezos estilísticos en varios planos; sólo en los primeros planos se nota una mayor atención. La fotografía tiene una pátina que hace que todo parezca más brillante, sin arruinar la atmósfera oscura de la producción.

Aunque Speed Grapher no es un shonen de batalla, ya que los combates se basan principalmente en la astucia de Saiga, siguen contando con animaciones bien elaboradas que permiten apreciarlas a su manera. Por último, nos gustaría dedicar unas palabras al diseño de los personajes: si por un lado es bastante sencillo para la representación de los humanos, por otro resulta más elaborado para las criaturas, cuyo aspecto está visiblemente corrompido por las perversiones que han sabido saciar con tiempo y dinero.

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