RESEÑA de Sailor Moon Eternal: Guerreras en busca de sueños

Anunciado ahora hace cuatro años, desvelado a trozos a lo largo de los años, aplazado varias veces por culpa del covid, el proyecto Sailor Moon Eternal ha visto por fin la luz en forma de dos películas, estrenadas en los cines japoneses entre enero y febrero de 2021 y recién llegadas al mismo tiempo a nivel mundial en Netflix, con doblaje y subtítulos en varios idiomas, reavivando el interés mundial por las guerreras con la marinera creada por Naoko Takeuchi en los noventa.

Sailor Moon Eternal es la continuación directa de Sailor Moon Crystal, un remake de la obra que cuenta la historia de forma más fiel al manga, del que es la cuarta temporada (las anteriores, nacidas originalmente como webserie y luego pasadas a la televisión.

Quienes llevan décadas siguiendo a Sailor Moon tienen un claro y no siempre positivo recuerdo de la cuarta parte: la del circo, la de Pegaso y la de Chibiusa, por desgracia protagonista absoluta de la historia. La historia básica de Sailor Moon Eternal es la misma, con el oscuro Circo de la Luna Muerta llegando a la ciudad durante un eclipse y empezando a sembrar pesadillas y oscuridad y un misterioso caballo alado acercándose a Usagi y (sobre todo) a Chibiusa en busca de ayuda.

Sin embargo, lo que no siempre conocen los fans de Sailor Moon, sobre todo los que dejaron de interesarse por ella tras el final de la serie animada y nunca profundizaron más en la marca, es que en realidad, a pesar de tener la misma base, las historias del manga y del anime en este caso difieren mucho, por eso Sailor Moon Eternal era especialmente esperada, tanto por los fanes históricos, que por fin podían ver en la versión animada varias cosas del manga que el antiguo anime había dejado fuera, como por los que amaban el anime pero nunca habían leído el manga, que podían ver algo totalmente nuevo aunque con personajes conocidos.

Dejamos Sailor Moon Crystal en su tercera parte con una temporada llena de cambios y novedades. El universo ficticio de las guerreras Sailor se había expandido aún más, yendo más allá de la Tierra, la Luna y los planetas que las rodean.

Nos habían mostrado los planetas más alejados de la Tierra y los misteriosos, fascinantes y maduros guerreros que los protegen, tan diferentes de Usagi y sus compañeros más directos, que, no con poca dificultad, se habían unido entonces al grupo en una batalla apocalíptica que había sublimado a nuestra Usagi como el baluarte supremo del bien en la lucha contra los oscuros y malvados alienígenas.

Sailor Moon Eternal da un (aparente) paso atrás, volviendo un poco a donde empezó todo, al etéreo reino lunar Silver Millenium, al terrenal Golden Kingdom, a una princesa y un príncipe que luchan por proteger la Tierra y la luna de los malvados, se amaron en el pasado, se aman en el presente y se amarán para siempre.

La cuarta parte de la historia, en el manga, es aquella en la que Takeuchi alcanza su madurez como dibujante, con un estilo muy diferente al del principio y perfectamente integrado en la tradición gráfica de mediados de los noventa que, quién sabe, incluso ella misma contribuyó a crear, y se toma un tiempo para reflexionar un poco sobre su historia y sus personajes, investigando lo que piensan, lo que quieren, lo que sueñan, lo que temen, y haciéndolos evolucionar más.

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Aunque se vea penalizada por la falta de varios capítulos extra en la animación, que habían ayudado mucho a desarrollar la caracterización de los personajes, Sailor Moon Eternal sigue el mismo camino, y se toma su tiempo para indagar en el alma de los personajes, luchando con terribles pesadillas y con la investigación de su doble sueño, el de su identidad terrenal y el que representa su misión como guerreras Sailor.

Se nos cuenta más sobre la familia de Ami y podemos reflexionar sobre cómo su situación familiar ha influido en su carácter y en sus decisiones, descubriendo que la guerrera de Mercurio sueña con el amor que le fue negado y estudia y lucha con ahínco para conservarlo.

Traumas familiares que, del mismo modo, han hecho mella en la psicología de Rei, que trata a todo el mundo con frialdad porque nadie ha sido nunca cálido con ella y persigue un sueño que quizá no sea el suyo, y en la de Makoto, que, huérfana, busca desesperadamente el amor, el cariño y la familia que tanto echa de menos.

Descubriremos las dudas de Minako, la primera guerrera Sailor en ser despertada, que aún carga con el peso de una misión solitaria y mil responsabilidades, y los verdaderos sentimientos de Urano, Neptuno, Plutón y Saturno, que están más unidos a su princesa de lo que jamás admitirán. En esta parte de la historia, los personajes secundarios toman forma y adquieren más profundidad, aunque todavía se ven obligados a chocar con la pesada espada de Damocles de la antigua serie de los noventa, que los había caracterizado de otra manera.

Si allí eran en su mayoría chicas normales que hacían cosas más o menos normales de chicas, en el manga de Naoko Takeuchi (y, en consecuencia, en Crystal/Eternal) se caracterizan ante todo como guerreras, dedicadas a la lucha contra el mal y a la protección de su princesa, a la que están unidas por una devoción absoluta (aspecto que se plasmará aún más en la quinta y última saga de la historia).

No se trata de personajes sin caracterización, pero están caracterizados de forma diferente a lo que el espectador espera, y por ello el impacto suele ser duro para los acostumbrados al anime de los 90, donde los personajes son un grupo que luchan juntos en lugar de un grupo que lucha junto a/por una princesa. Sin embargo, el atractivo de la etérea y mitológica Sailor Moon creada por Naoko Takeuchi también está ahí, así que hay que aceptar las reglas del juego al acercarse a esta versión más parecida al manga que al antiguo anime.

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Olvidemos la antigua serie de animación, en la que el Circo de la Luna Muerta buscaba a Pegaso, escondido en el más puro sueño de todos, y el público era consciente del secreto de Punchinello en el minuto 1 del primer episodio, pero tenía que esperar 40 minutos para que los enemigos llegaran a él, mientras que mientras tanto atacaban a gente al azar, creando una secuencia interminable de episodios de relleno y una serie con una trama incoherente que no aportaba nada al universo narrativo de Sailor Moon, no tenía en cuenta los acontecimientos de la tercera serie y podía saltarse fácilmente sin perderse casi nada.

El guion de esta parte, en el manga y consecuentemente en Sailor Moon Eternal, se empeña en construir una trama misteriosa que hay que ir descubriendo a pequeños pasos, mientras que en el ínterin quita el aliento indagando en la psique de los personajes, para luego dar giros y, Sobre todo, amplía de forma inesperada la historia de amor de Serenity y Endymion, la base sobre la que descansa toda la estructura montada por Naoko Takeuchi, que aquí se enriquece con una nueva pieza, tan fundamental como paradójicamente ignorada por el antiguo anime.

Durante décadas la gente ha criticado a Mamoru diciendo que es un personaje inútil, que no sirve para nada durante las batallas, que siempre encuentra todas las excusas posibles para salirse de las peleas decisivas. En Sailor Moon Eternal descubrimos que, en realidad, él mismo piensa todas estas cosas, dándose cuenta de que vive a la sombra de una heroína extraordinaria por la que no puede hacer mucho; sin embargo, esta cuarta parte de la historia nos revela lo contrario, contándonos en cambio lo importante que es Mamoru, cómo su relación con Mamoru es igual, cómo la extraordinaria heroína no sería tan extraordinaria sin su príncipe para darle fuerza.

Nos lo cuenta añadiendo detalles cruciales sobre nuestro príncipe, su reino, su papel en la historia, callando por fin a los fans que llevan décadas preguntándose por qué nunca hubo una “Sailor Earth”.

Porque “Sailor Earth” es Mamoru, el segundo polo, fundamental, de un romance de cuento de hadas que ha seguido emocionándonos durante décadas. El papel de Mamoru, el Cristal de Oro, el mismo papel de Helios/Pegasus son aquí muy diferentes a los de la antigua serie de animación y definitivamente más sensatos, en su presentación como una pieza nueva, fundamental, de la historia de amor de Endymion y Serenity en la que se basa todo.

Del mismo modo, pues, es un placer ver cómo también Nehellenia, la terrible enemiga final de esta serie, tiene en esta versión un papel diferente, directamente vinculado a los acontecimientos de la serie pasada y a la leyenda del Milenio de Plata. Quizás se podría argumentar que el papel de Blancanieves como reina malvada obsesionada con la belleza y la eterna juventud que tenía en la antigua serie era quizás más buscado que el papel de bruja Maléfica ofendida por no ser invitada a una fiesta que tiene aquí, pero a cambio se ha ganado un estatus de enemiga ancestral ligada al linaje de Silver Millenium que le viene muy bien.

El papel de todos los enemigos menores cambia, siendo el Trío de Amazonas sólo un grupo de matones de corta duración (pero tienen sus momentos y dan al menos un par de buenas frases capaces de hacernos pensar) y el Cuarteto de Amazonas pierde toda la caracterización como niñas caprichosas de la antigua serie pero a cambio adquiere un papel mucho más definido.

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La diferencia sustancial con la antigua serie animada es el papel de Chibiusa, que era prácticamente la única protagonista, capaz de superar incluso a Usagi y hacer de Sailor Moon SuperS su indiscutible historia de mayoría de edad, mientras descubría las alegrías y las penas de crecer enfrentándose a su futura madre, a sus amigos y a Helios/Pegasus, su primer y verdadero amor.

Estos elementos también están aquí, se ve muy bien el crecimiento de Chibiusa, pero afortunadamente es sólo una parte del conjunto, bien amalgamada con todos los demás eventos, y Chibiusa no le quita espacio a nadie, no se convierte en la protagonista de una obra que no lleva su nombre y por lo tanto los fans no están interesados en verla, como sucedía en la antigua versión animada. Desde este punto de vista, los que odiaban la antigua adaptación pueden estar tranquilos.

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Tenemos mucha curiosidad por saber si se hará la quinta y última parte de la obra y en qué forma. Esta nueva versión de Sailor Moon comenzó como una webserie, luego pasó a ser una serie de televisión y después se convirtió en dos películas. Sailor Moon Eternal es muy fiel al manga y, aparte de algunos chistes, no falta nada, es un milagro cómo han conseguido condensar una decena de capítulos en apenas dos horas y cuarenta, cuando en el pasado utilizaban episodios de media hora para adaptar los capítulos del manga, sin cortar casi nada y consiguiendo crear una historia perfectamente comprensible.

Me hubiera gustado ver una serie episódica, pero luego lo pienso y me digo que en realidad hubiera sido exactamente así, ya que no recortaron casi nada del manga, así que estoy plenamente satisfecho con la adaptación en sólo dos películas, que imagino que se utilizará también para la siguiente y última serie, que en el manga es bastante corta y concisa y va directa al grano.

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Si, sin duda, la historia es mejor que la antigua adaptación (aunque sólo sea porque, de hecho, en el antiguo anime no la había), hay sin embargo una cosa en la que Sailor Moon SuperS permanece imbatida, y es el aspecto técnico. Tras los éxitos de la tercera serie, Toei destinó para la cuarta un presupuesto muy elevado y cuidó especialmente el aspecto gráfico, alcanzando la cúspide de la saga Sailor Moon en cuanto a dibujos, colores y animaciones.

Los dibujos de Ikuko Itoh, los colores brillantes, las animaciones típicas de los noventa, los innumerables gags hilarantes, las numerosas canciones de fondo de los episodios, el conmovedor tema musical de cierre han contribuido siempre a dotar a Sailor Moon SuperS de una atmósfera colorista y soñadora, que era el contrapeso a la inexistente historia y que conseguía que, de alguna manera, se grabara en la memoria de los espectadores. Competir con todo esto es difícil, por mucho que Sailor Moon Eternal gráficamente no esté nada mal libra una batalla que no puede ganar, por el simple hecho de no ser de los noventa.

El estilo de dibujo de Kazuko Tadano, histórica diseñadora de personajes de las dos primeras temporadas, es siempre extremadamente elegante y agradable, muy nostálgico en su intento de rehacer algunas expresiones típicas del estilo de Naoko Takeuchi, pero han pasado casi treinta años por lo que inevitablemente ya no es el histórico (y lo mismo hubiera sido si se hubiera encargado a Ikuko Itoh el diseño de Sailor Moon Eternal).

Así pues, para los fanes que tenían la cabeza en los noventa es inevitable que falte algo, algo es diferente, ya sea por los colores más vivos, o por las animaciones por ordenador que hacen que el conjunto sea bonito de ver pero menos genuino que la obra de los noventa, sobre todo cuando las secuencias de transformaciones y ataques son prácticamente las mismas rehechas con las nuevas técnicas de animación es difícil no comparar.

Los fans probablemente esperaban que Sailor Moon Eternal tuviera una calidad aún mayor, ya que se estrenó en los cines, pero no hay nada especialmente “cinematográfico”, como sí tenían en cambio las antiguas películas de los 90 de la serie: hay que decir, sin embargo, que la Sailor Moon de Takeuchi no necesita, por sí sola, unos gráficos especialmente elaborados, siendo principalmente una historia de amor en la que las peleas son más monólogos interiores o intercambios de opiniones entre los dos contendientes que escenas de acción.

Sailor Moon no es Pretty Cure y, por el contrario, Crystal siempre ha intentado a su pequeña manera amenizar las escenas de lucha aquí y allá dándoles su propio giro, algo que se puede ver en estas películas en algunos breves momentos, pero aunque no lo hubiera hecho no habría cambiado mucho en la práctica, dándonos una historia que cumple con su deber al centrarse principalmente en las emociones.

La banda sonora orquestada es, como siempre, de Yasuharu Takanashi, que aquí propone la mezcla de música rock cautivadora y coros solemnes ya escuchada en las anteriores temporadas y en sus trabajos para la saga Pretty Cure, resultando quizá un poco repetitiva a la larga, pero siempre emocionante y de buen nivel, con el único defecto de que no existe, de momento, un álbum con la banda sonora de la película, a diferencia de los temas cantados.

Un defecto definitivamente no despreciable, porque volveremos a escuchar obsesivamente la pista de la transformación de los guerreros del sistema solar exterior, nos gustaría escucharla de una manera más limpia y no podemos hacerlo. En cuanto a las canciones, Sailor Moon Eternal se defiende bien con un bonito tema nuevo de los ya trillados Momoiro Clover Z, “Tsukihiro Chainon”, con dos versiones de los históricos finales de Sailor Moon SuperS en los créditos finales para alimentar el efecto nostálgico, y con una canción completa de seis minutos, “Moon Effect”, para adornar el épico enfrentamiento final.

La versión japonesa de la película cuenta con dos excepcionales estrellas invitadas, las famosas actrices Nanao y Naomi Watanabe, como Nehellenia y Zirconia, pero sus papeles no son muy especiales por lo que el efecto no es ni más ni menos que el que tenemos cuando anuncian a bombo y platillo algún talento del doblaje en las películas de Disney y luego hace sólo una o dos líneas que cualquiera podría hacer. La que destaca, como siempre, es Kotono Mitsuishi, la histórica voz de Usagi, que vuelve a hacernos soñar y es más nostálgica de lo habitual, dado que en la película también abundan un poco los gags respecto a las anteriores temporadas.

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Por un lado hay un inexplicable exceso de purismo y fidelidad al japonés original, con caracteres cuyos sufijos se han mantenido (y, pasemos “chan” y “san”, pero “sama” o “sensei” no tienen razón de ser en un diálogo en español) , las técnicas con la bola PallaPalla o los nombres de los animales/Trío Amazónico que se han dejado totalmente en japonés (resultando forzado, ya que tienen un significado y se pueden traducir), por otro lado tradujeron o readaptaron todos los ataques de Sailor o todos los términos en inglés, y estas traducciones son a veces muy fieles (llegando a feos como el Starlight Honeymoon Therapy Kiss, que en inglés pasas por encima, pero “Starlight Honeymoon Therapy Kiss”. ..), a veces un poco fantasiosas (Jupiter Oak Evolution se convierte en Jupiter’s Lightning Oak Revolution), a veces retoman la vieja adaptación de Mediaset de los años noventa.

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A pesar de la buena publicidad, a Sailor Moon Eternal no le fue muy bien en la taquilla, en Japón, por varias razones (¿pandilla? ¿un producto para un público muy nicho?). La llegada a Netflix nos permitió tenerla antes de lo previsto (en lugar de esperar al estreno en vídeo doméstico, previsto en Japón para el 30 de junio, una fecha simbólica siempre ligada a Sailor Moon) y actuó como una caja de resonancia de increíble magnitud: al mismo tiempo, todo el mundo la veía, todo el mundo hablaba de ella, todo el mundo volvía a ser un poco niño, y eso era lo que debía ser Sailor Moon Eternal, una excusa para volver a ser niño durante unas dos horas y media, para volver a soñar con esas heroínas que nos enamoraron de pequeños y, de paso, para reflexionar un poco sobre nosotros mismos, sobre lo que hemos llegado a ser en estos casi treinta años.

Las guerreras no han cambiado: han cambiado su aspecto gráfico, sus voces, han cambiado un poco su historia, pero siguen ahí, dispuestas a creer en el amor, en la amistad, en la justicia, a regalarnos sueños y a recordarnos los que tuvimos. ¿Se han hecho realidad? Si no es así, nos dice Usagi para terminar, mientras nos proyecta hacia la quinta y última parte que esperamos ver pronto, aún podemos esforzarnos por hacerlas realidad, sólo tenemos que hacer brillar una vez más la estrella que se esconde dentro de nuestros corazones…

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