Candy Flurry: primeras IMPRESIONES del nuevo manga de Shonen Jump

En el número 19/2021 de Weekly Shonen Jump ha debutado Candy Flurry, manga escrito por Ippon Takegushi y dibujado por Santa Mitarashi.

“¡Los caramelos de juguete son los más sabrosos del mundo! Sólo 100 piezas para estas golosinas de edición limitada, ¡cada una tiene una sorpresa única!”. Un anuncio muy trivial al que nadie dio importancia hasta que se desveló la sorpresa: quien se comiera uno de los caramelos ganaría la capacidad de poder crear infinitamente. Un sueño… hasta que alguien utilizó piruletas gigantes para destruir Tokio. Pero aunque cada caramelo tenía que ser único, otra persona también tiene el poder de crear piruletas gigantes: Tsumigi. ¿Qué pasaría si la descubrieran ahora que es ilegal usar esta habilidad?

Hacía tiempo que no se anunciaba una serie tan ligera en la Jump, al menos por parte de un autor debutante. Candy Flurry no es, desde luego, una de las series de estreno que más me ha impresionado en los últimos 12 meses, al contrario, como inicio no puedo decir que me impresione especialmente. No los juzgo, no me impresionan especialmente pero tampoco los repruebo, desde luego se nota que hay una mano profesional debajo, seguramente se respetan esos cánones básicos que es justo esperar de una serie de la Jump.

candy flurry jump

Una cosa buena es que la historia sin embargo ha ido bastante rápido desde el principio, el policía-compañero ha descubierto inmediatamente la verdadera identidad de Tsumigi a pesar de que se hace hincapié en lo estúpido que es, sabiendo que vamos a evitar una búsqueda interminable de lo obvio me hace dar un suspiro de alivio. La premisa no me impresionó especialmente, leyendo el resto sin embargo no entiendo cuántos gags debo esperar ni cuánta seriedad, juicio que queda aún más sorprendido.

Sin embargo, aprecié más la parte final que el resto, unos tonos un poco más serios (que bien podrían ser destruidos un segundo después) que dieron un sabor diferente al capítulo. En cualquier caso, la opinión final es que no es una obra especialmente sorprendente o particular, quizá consiga entretener y sorprender, ojalá enamore a miles de lectores.

Agradezco que por fin haya una nueva protagonista femenina, lástima que no sea suficiente. ¿Alguna vez habrías pensado en utilizar una piruleta como arma de destrucción masiva? ¿O un donut como las últimas esposas?

Todos los dulces de este mundo son un peligro público y pueden ser dominados por los llamados “Usuarios de Dulces”. Cuando la protagonista se ve amenazada por uno de ellos, hace alarde de su enorme piruleta declarándose “Usuarios de la Piruleta”. Toda una organización en torno a los dulces, con la presencia incluso de una unidad especial de policía armada con un tenedor gigante. Todo contado, como es habitual, dentro de un ambiente escolar normal donde el protagonista y los distintos personajes pueden crecer y conversar.

No sé si el objetivo principal de la historia es parodiar la mayoría de los shonen clásicos, pero en ese caso Takegushi lo ha conseguido muy bien. Incluso la presencia de estos “Usuarios” bien podría ser una parodia de los “Usuarios del Stand” de JoJo. Ver las peleas al son de los dulces definitivamente da hambre, así que no recomiendo leerlo si no se tiene el estómago lleno (como el suyo :3). La protagonista es una chica aparentemente normal que, a diferencia de la mayoría de los protagonistas de shonen, ya conoce su poder y sabe cómo manifestarlo y utilizarlo en su beneficio.

El que más duda es el “Agente Recette”, un chico-policía que intenta ayudar a la chica con su tenedor gigante. De momento la caracterización de los personajes es bastante estática, pero aún estamos hablando de un primer capítulo y no podemos esperar mucho. El estilo de dibujo, sin embargo, es muy variado. Se pasa de escenas muy estándar a escenas frenéticas durante las peleas con una buena dosis de espeluznante en las expresiones de los enemigos.

¡Sweets ha llegado por fin a la Shonen Jump, trayendo mucha acción y comedia! O al menos así nos lo presentaron. Porque, sencillamente, estas fueron las promesas que surgieron en la víspera del debut de Candy Flurry en la revista de Shueisha. Una nueva serie de batallas ambientada en un Tokio colapsado por culpa de un grupo de personas capaces de crear caramelos desde cero y utilizarlos para luchar. Una idea en teoría bonita y con una pizca de capricho, también escarchada con una capa de comedia. Sin embargo, sobre el papel, esta receta azucarada todavía deja un poco de dudas.

“Unlimited Candy Works”, también conocido por su nombre oficial Candy Flurry, no carece de valor en las primeras páginas, y de hecho consigue introducir la trama general sin alargarse demasiado, dejando fuera aquí y allá algunos puntos argumentales que se tendrán en cuenta para el futuro. Este es sin duda el aspecto más positivo de este primer capítulo. El resto, en cambio, lucha por despegar. Empezando por los protagonistas, que ciertamente no brillan por su carisma o personalidad. Hasta ahora, Tsumugi sólo ha aparecido como una chica normal pero con superpoderes.

No tiene ninguna otra característica especial o rasgos que la hagan fascinante de alguna manera, lo que es un poco una pena, pero me parece bien tener un personaje sin demasiadas motivaciones y que sólo quiere vivir una vida tranquila. En comparación, su compañera Misaki sale bastante peor parada. ¿Por qué? Es una protagonista de battle shonen made in Jump como tantas otras. El suyo es un personaje de manual: fuertes ideales, intelecto por debajo de la media, pasado trágico, chico molesto. Es una sombra que no se sostiene. En cuanto al lado de la comedia, aquí tampoco vimos mucho. Sólo un par de bromas infructuosas y ya está.

Candy Flurry es un manga poco maduro en muchos aspectos, no sólo los enumerados hasta ahora. De hecho, ni siquiera la obra de arte puede resultar digna de mención. Hay muchas cosas que se podrían mejorar en este primer capítulo, pero evidentemente depende de los dos mangaka el intentar llevar este manga por el buen camino. Hay algunas buenas ideas y las premisas, aunque extrañas, pueden ser un buen punto de partida sobre el que construir la serie.

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