Akagami no Shirayuki-hime: RESEÑA del shojo basado en Blancanieves

Akagami no Shirayuki-hime, un shojo de 2006 del autor Sorata Akizuki. El manga se publica actualmente en Japón y ya recibió una adaptación animada en 2015. Akagami no shirayukihime es un shojo clásico con ambiente de cuento de hadas, inspirado en Blancanieves (el nombre de la protagonista significa “Blancanieves”), cercano a las situaciones grimmianas y heredero de su enorme repertorio de cuentos de hadas.

La joven Shirayuki acaba en la insistente mira del príncipe del reino de Tanbarun, Raji, que se ha enamorado del brillante cabello rojo de la chica. Para hacer valer su negativa, la fugitiva Shirayuki se encuentra con el príncipe Zen y su banda. La chica de pelo de manzana puede comenzar su carrera como herbolaria en el reino de Clarines, bajo el ala protectora del príncipe y con el peligro constante que conlleva su estatus social y su inusual estilo de pelo.

Un cuento exquisitamente ligero

Tiene todos los ingredientes de un shojo de espíritu aventurero y clima exótico, con un romance incipiente pero ya tentador y un ritmo poco intenso pero agradable. El relato de Sorata Akizuki fluye y no aburre, fluye a pesar de la repetición de las situaciones ya presentes en el primer volumen del manga. Los riesgos y las amenazas que conlleva el extraordinario aspecto físico de Shirayuki parecen ser el principal y recurrente expediente para la tensión narrativa, y ya en los cuatro primeros capítulos la historia asume una especie de tendencia cíclica debido a la repetida aparición de un nuevo obstáculo para Shirayuki.

Cada capítulo corresponde a un problema que debe resolver la “princesa” herbolaria y el ritmo que quiere utilizar el manga, modulado según la alternancia de pasajes reproducidos en serie, comienza claramente a tomar forma. El temor es que a la larga el esquema tranquilidad-peligro-peligro evitado pueda cansar y resultar aburridamente repetitivo, pero el buen éxito de la obra reside en la capacidad de diversificación del autor, que debe conservar las varietas y proponer sucesos nunca iguales para mantener vivo el interés de los lectores.

La trama de Shirayuki dai Capelli Rossi tiene un desarrollo sencillo, no intrincado pero agradablemente genuino, fresco, ligero y desenfadado; una historia que no se lee de un tirón sino que se dosifica, sorbiendo los enredados desarrollos de una pareja y de la corte, entre problemáticas aristocráticas y amores enredados, estrictamente envueltos en un halo de ligereza que nunca corresponde a la superficialidad sino que eleva la dulzura y lo agradable. Es entonces para considerar la perfecta distribución de los giros en estas primeras páginas, con el autor siempre capaz de jugar con las apariencias y las expectativas y volcarlas en sus revelaciones.

El anti-Biancaneve de Sorata Akizuki

La elección de una protagonista que se inspira en los cuentos de hadas de los hermanos Grimm y sus adaptaciones de Disney también es intrigante, pero es la antiprincesa, característicamente opuesta a las dulces damas del imaginario colectivo, cuya delicadeza hereda pero renuncia a la ingenuidad crónica que las distingue.

Shirayuki es sencilla y de una bondad poco común, pero nunca inocente ni inexperta, siempre dispuesta a remangarse, a hacer valer sus razones y a dar un paso adelante con valentía para la resolución de los problemas y la huida de los enemigos, gracias también a sus habilidades médicas que intervienen con inteligencia en el desenredo de las situaciones más peliagudas. Sorata también establece una divertida dicotomía social con el primer príncipe de Tanbarun, Raji, y el segundo príncipe de Clarines, Zen, que son esencialmente las dos actitudes opuestas que puede adoptar un noble de su calibre.

Por un lado está el odioso gobernante superficial y caprichoso, todo apariencias y reputación, y por otro un príncipe azul de carne y hueso, rebelde pero consciente de su cargo, que rechaza las convenciones de su estatus social y escapa a los deberes y costumbres artificiales de un príncipe. En el primer volumen, sin embargo, se introducen más personajes que parecen poder hacerse un hueco en los siguientes capítulos, lo que podría ser la verdadera solución a la mencionada repetitividad, con nuevas posibilidades narrativas y la multiplicación decisiva de los hilos de la historia.

Un clásico del shojo de la década de 2000

Los dibujos de Sorata Akizuki retoman las características gráficas de la mayoría de los mangas shojo, con personajes de físico perfecto, rostros alargados y ojos pronunciados, con trazos aún más suaves y finos debido al lado de cuento de hadas de la historia. El diseño de los personajes no es precisamente innovador ni moderno, pero en todo el grafismo destaca la excepcional atención al detalle en la representación de la ropa, meticulosamente construida, investigada y creíble.

El renderizado de los entornos no es menos detallado, pero es igualmente refinado y limpio a pesar de no alcanzar la riqueza de la ropa, las armas y los objetos. En definitiva, un trazo simplista pero eficaz que revela la “antigüedad” de la obra, todavía demasiado ligada al estilo de los años 2000, pero que consigue tener su palabra en el panorama del shojo actual y hace que la atmósfera encantada, casi mágica, de Akagame no shirayukihime esté en su mejor momento.

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